De alguna forma se instaura un gimnasio de artes marciales en la portal de mi casa y se llena con un grupo de malenates. Para obviar los detalles insignificantes de un sueño sin sentido seré breve: el grupo de artistas marciales acaba aburriéndose del gimnasio y para demostrar sus habilidades se ponen a dar patadas a las puertas de los distintos inquilinos. Como son muy violentos y no me gusta la violencia directa decido llamar a la policía. A los pocos minutos llega el típico policía con varios kilos de más, bigote y pocas ganas de trabajar. Dice que son muchos para él y que se va a buscar refuerzos. Los recuerdos se hacen demasiado borrosos al llegar los refuerzos (varios coches de policía) y la poca gracia que pudiese tener el sueño se termina.