Por meses: marzo, 2008
Una tarde
Hay días que la luz de Sendai parece mágica (o a lo mejor es que he comido demasiado sushi). En cualquier caso hoy he intentado capturarla con la cámara aunque los píxeles tienen un límite de información que pueden almacenar:
Ese edificio está destinado a los clubes de la universidad y está situado en el campus Kawauchi.
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Parada de autobús cerca de la universidad. La gente que va a Aobayama suele dejar la bicicleta ahí y coger el autobús ya que la subida es ciertamente pronunciada.
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Árboles y bicicletas por doquier. De camino a la zona centro de la ciudad.
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La magia se va disipando a medida que me acerco a la zona de la estación.
Tener un cielo azul brillante al que mirar de vez en cuando y estar rodeado de naturaleza es para un madrileño como yo algo que me sigue fascinando.
Kyoto
Las fotos de esta entrada las tomé el último día del año de 2007. Tuvimos la suerte de disfrutar de un tiempo magnífico.
El comienzo del viaje. Podía haberme quedado mirando esta escena horas (con una buena silla).
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Un poco más adelante llegamos al templo de los mil toriis. En realidad tiene más de mil toriis ya que el “templo” abarca una montaña entera y los toriis cubren varios caminos que dan la vuelta alrededor de dicha montaña.
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Las imágenes de este día se me van a quedar grabadas durante bastante tiempo, los colores vibraban.
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Una pequeña rana que nos encontramos por el camino.
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Esto es lo que se veía al mirar entre los toriis, de película.
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Una de las pilastras donde te podías lavar las manos con agua purificada.
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Vista de Kyoto desde la montaña.
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Una de las callejuelas secundarias al camino de toriis ya casi al final de éste.
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Ahora entiendo de dónde sacan la inspiración los mangakas.
Kyoto me ha encantado, recomendado a cualquiera que venga a visitar Japón.
Koyasan
Koyasan es un pequeño pueblo repleto de templos budistas a unos 45 minutos en tren de Osaka. Bueno, son 45 minutos cuando coges el tren correcto, en caso contrario es fácil tardar 4 horas.
Una de las estaciones de tren cercanas a Koyasan. Puede no tener una gran belleza pero tras 3 horas de viaje en tren cualquier cambio en las estaciones que te cruzas, por pequeño que sea, cala hondo.
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Koyasan está en lo alto de una montaña así que una vez que sales del tren normal tienes que coger otro que pese menos que te pueda llevar hasta lo alto. Me recordó a un episodio de Code Geass.
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Por fin llegamos a la cima. Por supuesto es invierno y está en una montaña así que hay nieve para dar y tomar. Consejo a cualquiera que quiera venir a Japón: traer esquíes y pasamontañas.
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Un inmenso templo. Como es habitual en los templos japoneses había que dejar el calzado a la entrada. Pensé que se me helaban los pies. En el interior había estatuas de Buddha, grabados y prohibiciones de sacar fotos.
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Entre la nieve y el cielo nublado mis recuerdos de Koyasan tienden más al blanco y negro que al color.
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En invierno tienen que soportar un frío del demonio y según me dijeron mi madre y mik en verano el calor es abrasador. Y yo que me quejaba del tiempo de Madrid y de Sendai..
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Tras esa puerta se encontraban los restos de alguien importante pero estaba cerrado y nos quedamos con las ganas de verlo.
Puerto de Osaka
Osaka es una ciudad inmensa. La entrada de hoy está dedicada a la zona portuaria cerca de la cual se encuentra el aeropuerto internacional Itami.
Al poco de salir de la estación de metro te encuentras con una de las norias más altas del mundo. Mide 112,5 metros, tarda 17 minutos en dar una vuelta completa y desde la parte superior se puede ver una gran parte de Osaka.
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Un carguero chino estilo Black Lagoon.
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Al lado de la noria se encuentra el acuario de Osaka y tuvimos el gran honor de disfrutar de un breve ballet (más bien una marcha militar estilo Groucho Marx) de pingüinos. No pude evitar pensar en linux. Curiosamente las ventanas no tienen el mismo efecto.
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Tras la noria fuimos al Osaka Trade Center, un altísimo edificio de más de 55 plantas. El ascensor subía a una velocidad vertiginosa, si no me falla la memoria subía más o menos a 8 o 9 plantas por segundo por lo que enseguida llegamos arriba.
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Vista del puerto de Osaka desde el piso 53 Osaka Trade Center. Los cristales estaban tintados, de ahí la tonalidad post-apocalíptica de la foto.
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En la última planta antes de la “planta observatorio” había salones de boda y restaurantes de lujo. La puerta de la foto es de uno de esos salones.
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Lógicamente al estar en un puero era de esperar ver barcos aunque esta era poco convencional.
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Al ir a Himeji vi una estatua de la libertad tamaño edificio de 4 plantas y ahora una sirenita de Oslo. Los japoneses si ven algo que les gusta en alguna otra parte del mundo no tienen problema en hacerse una propia versión. Sin duda sale más barato que hacer viajes y es más realista que verla en fotos.
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La última imagen es de una de las tiendas de una especie de centro comercial asiático que había por la zona. Sí, es todo ropa para mascotas.
Zoo
Aprovechando las vacaciones de primavera el otro día fui a visitar el zoo de Sendai. Hacía tiempo que no visitaba un zoo así que fue una experiencia refrescante.
Al lado del zoo había un parque de atracciones que estaba cerrado y un poco abandonado. Tenía pinta de ser un parque fantasma pero no le pude sacar fotos.
Himeji
Durante las vacaciones de invierno tuve la oportunidad de visitar Himeji, una ciudad de cerca de medio millón de habitantes al oeste de Osaka y de Kobe.
Hacía un frío de narices. Esta foto es de la calle que va desde la estación de tren, punto neurálgico de la ciudad, hasta el castillo de Himeji.
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La mujer debía de estar diciendo: “mira, mira unos extranjeros sacando fotos, ¿no son monos?”. El hombre de la derecha me recuerda al videoclip de Daft Punk - Around the World.
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A lo largo de toda la calle había estatuas de desnudos de personas no japoneses.
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Un solitario camión aparcado en la acera.
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El castillo de Himeji, famoso porque es el único de todo Japón que no se ha tenido que reconstruir.
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No me cuesta nada imaginarme ninjas y samurais en sitios así.
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Después de visitar el castillo fuimos en busca de museos. Por el camino nos cruzamos con esta damisela.
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Por desgracia en Japón, o por lo menos en Himeji, los museos cierran los fines de semana por lo que no pudimos entrar en ninguno. Este es el aspecto del museo de arte de la ciudad.
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En la zona cerca al castillo y a los museos se podía respirar una agradable tranquilidad. No parece un mal sitio para vivir.
A la hora de comer fuimos a uno de los restaurantes-tiendas de souvenir que abundan y la amabilidad con que nos atendieron fue mayor a la que he recibido en otros sitios. Atendían tanto la abuela como la madre, las tías y las hijas, se podía ver a toda la familia.
Los japoneses me siguen sorprendiendo con su forma de ser.



